SINDROME DE PRISIONALIZACION (ENSAYO)

SINDROME DE PRISIONALIZACION (ENSAYO)

Por: Leticia Carreño Rios

 ¿Qué es prisionalización? La cárcel supone un sistema total. Funciona de manera autónoma con sus propias normas, diferentes roles, estilos de vida, patrones de comportamiento, sistemas y códigos de comunicación, economía sumergida, grupos de presión entre reclusos. Al proceso de incorporación y paulatina adaptación a este peculiar hábitat alternativo, se le llama prisionalización.

Consiste básicamente en que el reo asume progresivamente una nueva forma de vida, el aprendizaje de nuevas habilidades y consistencias compartidas con otros internos. Por eso, la actividad del preso es una lucha por la supervivencia, en un continuo intento de adaptarse al medio. Este proceso puede ser más o menos acelerado, más o menos efectivo, en todo caso no parece que la prisionalización favorezca el proceso de resocialización del interno.

La vida cotidiana en un establecimiento penitenciario se caracteriza por la mayor de las monotonías, las cuales podemos caracterizar de la siguiente forma:

  • Muchas horas en el patio sin hacer nada, lo cual redunde en un sentimiento de vacío, perdida de auto concepto.
  • Demasiado tiempo para pensar, o de volver obsesivamente a la misma idea, genera ansiedad, fatalismo (“comerse el coco”)
  • Aumenta el riesgo de caer en la drogadicción, en un espacio apto para trasiegos mercantiles ilícitos (“trapicheos”)
  • Sometimiento al sistema de dominación y chantaje que genera el mundo de la droga desde el patio.
  • Perdida de la escasa capacidad de decisión y libertad que disponía. (El interno no solo se encuentra limitado por las normas regimentales sino también por las normas que le impone el patio)
  • Empobrecimiento vital y síndrome amotivocional.

Esta situación desemboca en una auténtica delegación de la responsabilidad de la propia vida en el entorno institucional. El individuo se va a acabar limitando a aceptar pasivamente “lo que se le viene encima”, con una enorme apatía, que se va a convertir en gran parte, en el hilo conductor de su vida. Pero de una manera plenamente justificada, porque prácticamente nunca ha tenido ningún control sobre nada.

Por eso, si no planifica, si no prevé el futuro, menos problemas tendrá, aunque esa actitud suponga estar permanentemente sometido a vaivenes incontrolables. En resumen, se convierte en apático porque es una buena manera de sobrevivir, y porque aunque lo intente, rara vez conseguirá modificar el destino.

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